viernes, 29 de junio de 2012

Un cuento Latinoamericano, de García Márquez a Fernando Lugo




El pasado 12 de Junio, Lugo conmemoraba en Asunción el 77 aniversario de la finalización de la “Guerra del Chaco”, que fuera mucho el conflicto más sangriento (se estiman alrededor de 100.000 caídos) y extenso del siglo XX en América Latina. En la contienda que el filósofo boliviano René Zavaleta llamara “la guerra de los soldados desnudos” se enfrentaron los dos países más pobres del continente.
Respecto a los intereses en pugna, Eduardo Galeano afirma en Las venas abiertas de América Latina : “El senador por Louisiana, Huey Long, sacudió Estados Unidos con un violento discurso en el que denunciaba que la Standard Oil de Nueva Jersey había provocado el conflicto y que financiaba la ejército boliviano para apoderarse del Chaco paraguayo, necesario para tender un oleoducto desde Bolivia hacia el río, además, presumiblemente rico en petróleo[…] a su vez, los paraguayos marchaban empujados por la Shell.”.El saldo que dejo aquella beligerancia para ambos países fue la condenada perpetua a la pobreza, ante todo para las grandes masas campesinas del país. Al llegar al Paraguay Galeano relataba: “íbamos rumbo a Asunción, en un ómnibus para veinte personas que contenía, no se como, cincuenta […] mi compañero, campesino de habla guaraní, enhebró unas pocas palabras en castellano “los paraguayos somos pobres y pocos” me dijo. Me explicó que había bajado a Encarnación a buscar trabajo, pero no había encontrado. Apenas si había podido reunir unos pesos para el pasaje de vuelta.”

 Mientras tanto, durante el gobierno del dictador Stroessner en el país guaraní, Galeano denunciaba: “utilizando la reforma agraria como pretexto, el gobierno de Stroessner derogó, haciéndose el distraído, la disposición legal que prohibía la venta a extranjeros de tierras”.El resultado, “en el campo, el uno y medio por ciento de los propietarios dispone del noventa por ciento de las tierras explotadas” afirmaba el autor uruguayo.
Hoy, a más de treinta años de la publicación de Las venas abiertas la situación sigue siendo la misma. En medio de la sorpresa por el juicio político a Lugo, un artículo del diario “La Nación” afirma: en Paraguay el 80 % de las tierras fértiles están en poder del 2 % de la población. Sin embargo, de 6,4 millones de habitantes el 39 % es pobre, y dentro de esa franja el 19 % vive en la miseria”.
Fernando Lugo había llegado a la presidencia de su país, mediante una coalición de partidos de izquierda y movimientos campesinos, prometiendo equilibrar la balanza social mediante una auspiciosa reforma agraria. Esto, como era de esperarse, cayó como un baldazo de agua fría para las familias aristocráticas, que en su gran mayoría apoyan al hegemónico Partido Colorado que gobernó ininterrumpidamente la nación durante sesenta años.
A partir de ese momento, los principales medios del país sudamericano, afines a la política conservadora del Partido Colorado dieron inicio a una sistemática campaña de críticas y desprestigio al gobierno. Así lo acredita Perry Holloway, integrante de la embajada estadounidense en Asunción, en un comunicado su país: “Los medios criticaron con frecuencia al Gobierno y divulgaron con libertad los puntos de vista de la oposición, sin censura. Muchos medios reflejan intereses personales, comerciales o políticos, y los estándares éticos y profesionales son con frecuencia bajos”.
Al que en la mayoría de los países Latinoamericanos, los medios paraguayos se concentran en manos de unas pocas familias de gran peso político. El único canal público de la nación fue fundado el año pasado por Lugo con motivo de la celebración del bicentenario y en aras de una nueva ley de medios. La televisión pública paraguaya, lleva operando de manera regular tan solo seis meses, y su radio de alcance abarca escasamente a Asunción.
El diario de mayor tirada en el Paraguay es “Abc color”, que en reiteradas ocasiones lanzó mordaces editoriales como “el mundo tiene que saber que el pueblo paraguayo se hartó de las inconductas del presidente Fernando Lugo, de sus abusos, de su torpeza y de su patética falta de dotes para liderar la República, o “Fernando Lugo ni siquiera tuvo la delicadeza de asumir que los hechos que alentó constituyeron un error... Y como no piensa rectificar este rumbo, es necesario sacarlo del Gobierno”.
El estallido llego luego de un confuso episodio, en donde perdieron la vida nueve campesinos y siete policías, en un intento de expulsar a un grupo de campesinos en tierras del influyente político Blas Riquelme. El operativo de desalojo había sido por el comande de policía Arnaldo Sanabria, sin embargo el senado responsabilizó a Lugo por la operación. Se dio curso así al llamativamente expeditivo juicio político, que duró menos de dos días-como comparación, el juicio al presidente Bill Clinton llevó meses de debate y gran cantidad de pruebas- y contó con el aval de 70 de los 71 diputados. De esta manera se determinó la destitución del presidente por “mal desempeño de sus funciones”.
Una vez más, la región con mayor cantidad de presidentes depuestos en el siglo XX veía derrumbarse otro gobierno junto con el sueño de una reforma agraria. Al igual que sucediera con Árbenz en Guatemala, Artigas en Uruguay, Zapata en México.
Mientras tanto, al oeste del continente, la otra victima de la guerra del Chaco, ve tambalear el gobierno que por primera vez en su historia está en manos de un Aborigen. Evo Morales, asumió la presidencia de Bolivia en 2006, gozando, según las encuestas del 74 % de popularidad. La nacionalización de los hidrocarburos estuvo entre sus primeras medidas de gobierno. Sin embargo durante la presidencia de Morales se agudizó el conflicto interno ligado a la intención del departamento de Santa Cruz de declararse autónomo. Dicha región comprende el 80% de la producción agrícola boliviana, y aporta el 35 % del PBI. A lo largo de varios meses se registraron violentos enfrentamientos, en los cuales se contabilizaron varios muertos, entre grupos que marchaban por la autonomía de Santa Cruz y la policía. Finalmente el 4 de Mayo del 2008 se convocó a un referéndum en el departamento. El 85 % de los habitantes votó a favor de la creación de un gobierno independiente. Sin embargo, mediante negociaciones con autoridades de la jurisdicción, Morales logró sostener la gobernabilidad hasta el fin de su primer periodo presidencial.
Pese a este impasse, desde la semana pasada el gobierno boliviano enfrenta nuevamente una protesta social encabezada por  policías que exigían mejoras en las condiciones laborales y la suba del salario mínimo. El acuartelamiento, que ya lleva seis días mantiene al país en vilo, mientras que los agentes han suspendido tareas como el patrullaje y vigilancia en las principales ciudades del país.
Evo Morales lanzó explosivas declaraciones en conferencias de prensa, en las que aseguró “alguna gente está metida ahí con otros afanes y usan a algunos policías para preparar un golpe de estado”. En este contexto, el ministro de gobierno, Carlos Romero, reveló a periodistas el contenido de una comunicación entre grupos de policías amotinados en donde revelan intenciones de “limpiar” a dicho funcionario y “generar un golpe de estado”. Al mismo tiempo la ministra de comunicación Amanda Dávila, afirmó que según datos de inteligencia el plan para el golpe está en curso y se denomina “Tipnis”, que pretendía sumar a la protesta policial una marcha de la confederación de indígenas de Bolivia para derrocar al mandatario.
Al igual que en el realismo mágico de García Márquez, donde el tiempo nunca es lineal, sino que transcurre en perpetuos círculos. Donde la historia se repite vez tras vez con distintos nombres, y los pueblos típicamente latinoamericanos y sus costumbres casi esotéricas se entrelazan en un tejido. La historia de los países sudamericanos y sus gobiernos  parece destinada a repetirse vez tras vez: proyectos revolucionarios que mueren antes de ver la luz, reformas agrarias incumplidas, extranjerización de tierras, gobernantes depuestos,  miseria campesina ligada a intereses económicos, oligarquías minoritarias todopoderosas.

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