El pasado 12 de Junio, Lugo conmemoraba
en Asunción el 77 aniversario de la finalización de la “Guerra del Chaco”, que
fuera mucho el conflicto más sangriento (se estiman alrededor de 100.000 caídos)
y extenso del siglo XX en América Latina. En la contienda que el filósofo
boliviano René Zavaleta llamara “la guerra de los soldados desnudos” se
enfrentaron los dos países más pobres del continente.
Respecto a los intereses en pugna, Eduardo
Galeano afirma en Las venas abiertas de
América Latina : “El senador por Louisiana, Huey Long, sacudió Estados
Unidos con un violento discurso en el que denunciaba que la Standard Oil de Nueva Jersey
había provocado el conflicto y que financiaba la ejército boliviano para
apoderarse del Chaco paraguayo, necesario para tender un oleoducto desde
Bolivia hacia el río, además, presumiblemente rico en petróleo[…] a su vez, los
paraguayos marchaban empujados por la Shell.” .El saldo que dejo aquella beligerancia
para ambos países fue la condenada perpetua a la pobreza, ante todo para las
grandes masas campesinas del país. Al llegar al Paraguay Galeano relataba: “íbamos
rumbo a Asunción, en un ómnibus para veinte personas que contenía, no se como, cincuenta
[…] mi compañero, campesino de habla guaraní, enhebró unas pocas palabras en
castellano “los paraguayos somos pobres y pocos” me dijo. Me explicó que había
bajado a Encarnación a buscar trabajo, pero no había encontrado. Apenas si
había podido reunir unos pesos para el pasaje de vuelta.”
Mientras
tanto, durante el gobierno del dictador Stroessner en el país guaraní, Galeano
denunciaba: “utilizando la reforma agraria como pretexto, el gobierno de
Stroessner derogó, haciéndose el distraído, la disposición legal que prohibía
la venta a extranjeros de tierras”.El resultado, “en el campo, el uno y medio
por ciento de los propietarios dispone del noventa por ciento de las tierras
explotadas” afirmaba el autor uruguayo.
Hoy, a más de treinta años de la
publicación de Las venas abiertas la
situación sigue siendo la misma. En medio de la sorpresa por el juicio político
a Lugo, un artículo del diario “La
Nación ” afirma: en Paraguay el 80 % de las tierras fértiles
están en poder del 2 % de la población. Sin embargo, de 6,4 millones de
habitantes el 39 % es pobre, y dentro de esa franja el 19 % vive en la
miseria”.
Fernando Lugo había llegado a la
presidencia de su país, mediante una coalición de partidos de izquierda y
movimientos campesinos, prometiendo equilibrar la balanza social mediante una
auspiciosa reforma agraria. Esto, como era de esperarse, cayó como un baldazo
de agua fría para las familias aristocráticas, que en su gran mayoría apoyan al
hegemónico Partido Colorado que gobernó ininterrumpidamente la nación durante
sesenta años.
A partir de ese momento, los principales
medios del país sudamericano, afines a la política conservadora del Partido
Colorado dieron inicio a una sistemática campaña de críticas y desprestigio al
gobierno. Así lo acredita Perry Holloway, integrante de la embajada
estadounidense en Asunción, en un comunicado su país: “Los medios criticaron con frecuencia al
Gobierno y divulgaron con libertad los puntos de vista de la oposición, sin
censura. Muchos medios reflejan intereses personales, comerciales o políticos,
y los estándares éticos y profesionales son con frecuencia bajos”.
Al que en la mayoría de los países Latinoamericanos, los medios
paraguayos se concentran en manos de unas pocas familias de gran peso político.
El único canal público de la nación fue fundado el año pasado por Lugo con
motivo de la celebración del bicentenario y en aras de una nueva ley de medios.
La televisión pública paraguaya, lleva operando de manera regular tan solo seis
meses, y su radio de alcance abarca escasamente a Asunción.
El diario de mayor tirada en el Paraguay
es “Abc color”, que en reiteradas ocasiones lanzó mordaces editoriales como “el mundo tiene que saber que
el pueblo paraguayo se hartó de las inconductas del presidente Fernando Lugo,
de sus abusos, de su torpeza y de su patética falta de dotes para liderar la República ”, o “Fernando
Lugo ni siquiera tuvo la delicadeza de asumir que los hechos que alentó
constituyeron un error... Y como no piensa rectificar este rumbo, es necesario
sacarlo del Gobierno”.
El estallido llego luego de un confuso episodio, en donde perdieron la
vida nueve campesinos y siete policías, en un intento de expulsar a un grupo de
campesinos en tierras del influyente político Blas Riquelme. El operativo de
desalojo había sido por el comande de policía Arnaldo Sanabria, sin embargo el
senado responsabilizó a Lugo por la operación. Se dio curso así al llamativamente
expeditivo juicio político, que duró menos de dos días-como comparación, el
juicio al presidente Bill Clinton llevó meses de debate y gran cantidad de
pruebas- y contó con el aval de 70 de los 71 diputados. De esta manera se
determinó la destitución del presidente por “mal desempeño de sus funciones”.
Una vez más, la región con mayor cantidad de presidentes depuestos en el
siglo XX veía derrumbarse otro gobierno junto con el sueño de una reforma
agraria. Al igual que sucediera con Árbenz en Guatemala, Artigas en Uruguay,
Zapata en México.
Mientras tanto, al oeste del continente, la otra victima de la guerra del
Chaco, ve tambalear el gobierno que por primera vez en su historia está en
manos de un Aborigen. Evo Morales, asumió la presidencia de Bolivia en 2006,
gozando, según las encuestas del 74 % de popularidad. La nacionalización de los
hidrocarburos estuvo entre sus primeras medidas de gobierno. Sin embargo
durante la presidencia de Morales se agudizó el conflicto interno ligado a la
intención del departamento de Santa Cruz de declararse autónomo. Dicha región
comprende el 80% de la producción agrícola boliviana, y aporta el 35 % del PBI.
A lo largo de varios meses se registraron violentos enfrentamientos, en los
cuales se contabilizaron varios muertos, entre grupos que marchaban por la
autonomía de Santa Cruz y la policía. Finalmente el 4 de Mayo del 2008 se
convocó a un referéndum en el departamento. El 85 % de los habitantes votó a
favor de la creación de un gobierno independiente. Sin embargo, mediante negociaciones
con autoridades de la jurisdicción, Morales logró sostener la gobernabilidad
hasta el fin de su primer periodo presidencial.
Pese a este impasse, desde la semana pasada el gobierno boliviano
enfrenta nuevamente una protesta social encabezada por policías que exigían mejoras en las
condiciones laborales y la suba del salario mínimo. El acuartelamiento, que ya
lleva seis días mantiene al país en vilo, mientras que los agentes han suspendido
tareas como el patrullaje y vigilancia en las principales ciudades del país.
Evo Morales lanzó explosivas declaraciones en conferencias de prensa, en
las que aseguró “alguna gente está metida ahí con otros afanes y usan a algunos
policías para preparar un golpe de estado”. En este contexto, el ministro de
gobierno, Carlos Romero, reveló a periodistas el contenido de una comunicación
entre grupos de policías amotinados en donde revelan intenciones de “limpiar” a
dicho funcionario y “generar un golpe de estado”. Al mismo tiempo la ministra
de comunicación Amanda Dávila, afirmó que según datos de inteligencia el plan
para el golpe está en curso y se denomina “Tipnis”, que pretendía sumar a la
protesta policial una marcha de la confederación de indígenas de Bolivia para
derrocar al mandatario.
Al igual que en el realismo mágico de García Márquez, donde el tiempo
nunca es lineal, sino que transcurre en perpetuos círculos. Donde la historia
se repite vez tras vez con distintos nombres, y los pueblos típicamente
latinoamericanos y sus costumbres casi esotéricas se entrelazan en un tejido.
La historia de los países sudamericanos y sus gobiernos parece destinada a repetirse vez tras vez: proyectos
revolucionarios que mueren antes de ver la luz, reformas agrarias incumplidas, extranjerización
de tierras, gobernantes depuestos,
miseria campesina ligada a intereses económicos, oligarquías
minoritarias todopoderosas.

No hay comentarios:
Publicar un comentario